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Nuestra historia

Fundadores.

Oscar y Laura.

Oscar Rosas sonriendo con su rosario en la finca de Floridablanca
Oscar Rosas en sus años en la calle, antes de comenzar su cambio de vida
Ahora: Oscar en la finca de la fundación, en Floridablanca.

La historia de Oscar

Un hogar con buenas bases

Óscar Alberto Rosas Ramírez nació en el seno de una familia que le inculcó sólidos principios, valores y el respeto por las personas. Desde niño recibió enseñanzas basadas en el trabajo honesto, la responsabilidad y la importancia de la unión familiar. Sin embargo, a pesar de haber crecido en un hogar con buenas bases, durante su adolescencia comenzó a tomar decisiones que cambiarían el rumbo de su vida.

El consumo

A los 13 años despertó en él la curiosidad por experimentar con sustancias psicoactivas. Lo que inició como una simple búsqueda de nuevas sensaciones terminó convirtiéndose en una dependencia que lo acompañó durante gran parte de su vida. El consumo transformó su manera de pensar y de actuar, alejándolo de los valores que había aprendido en su hogar.

Chef por el mundo

Óscar siempre fue un hombre inquieto, inteligente, dinámico y con una gran capacidad para desenvolverse en diferentes ambientes. Su pasión por la gastronomía lo llevó a formarse como chef profesional, profesión que le abrió puertas y le permitió trabajar tanto en Colombia como en otros países. Gracias a su talento culinario conoció diferentes culturas, personas y oportunidades laborales que pudieron haber significado un futuro prometedor.

Sin embargo, mientras viajaba y ejercía su profesión, la adicción seguía gobernando muchas de sus decisiones. Durante los años de consumo veía en las personas una oportunidad para obtener algún beneficio personal. La mentira, el engaño y la manipulación se convirtieron en herramientas para sostener su dependencia, sin medir el daño que causaba a quienes depositaban su confianza en él. Hoy reconoce que esas acciones fueron consecuencia de una vida dominada por la adicción y no reflejaban los valores con los que fue educado.

Padre

Durante su vida también recibió uno de los regalos más grandes que puede tener un ser humano: ser padre. Nacieron sus hijos, Cristian y Sara, pero debido al consumo y al estilo de vida que llevaba, no pudo asumir plenamente la responsabilidad que ellos necesitaban. Con el paso del tiempo comprendió el dolor que esa ausencia pudo causar y hoy agradece la oportunidad de mantener comunicación con ellos, buscando reconstruir la relación desde el respeto, el amor y la sinceridad.

En el aspecto sentimental vivió relaciones marcadas por la inestabilidad y por ambientes donde predominaban la fiesta, el alcohol y la vida nocturna. Ese contexto, unido a su consumo de sustancias, hizo difícil construir relaciones duraderas y saludables. Con los años entendió que para amar verdaderamente a otra persona primero debía aprender a sanar su propia vida.

La bondad que nunca se perdió

A pesar de haber recorrido caminos difíciles y de haber conocido distintos países mientras luchaba con la adicción, nunca perdió completamente la bondad que existía en su interior. Detrás del hombre impulsivo, acelerado y mentiroso permanecía un ser humano sensible, generoso y con un inmenso deseo de encontrar paz.

Hoy

En la actualidad, Óscar Alberto Rosas Ramírez ha iniciado un proceso de transformación personal y espiritual. Ha comprendido que la recuperación no consiste únicamente en dejar de consumir, sino en cambiar la manera de pensar, fortalecer la voluntad y vivir de acuerdo con los valores que aprendió desde niño. Hoy valora profundamente a las personas, procura tratarlas con respeto, agradece la confianza que depositan en él y entiende que la honestidad es el camino para reconstruir su vida.

La oración, el rezo diario del Santo Rosario, la reflexión y el entrenamiento constante de la voluntad se han convertido en pilares fundamentales de su proceso de recuperación. Su historia demuestra que una persona no está condenada por sus errores y que, cuando existe un verdadero deseo de cambiar, acompañado de fe, disciplina y perseverancia, siempre es posible comenzar de nuevo.

Actualmente, Óscar desea que su experiencia sirva de ejemplo para quienes aún viven atrapados por la adicción. Quiere demostrar que nunca es tarde para recuperar la dignidad, reconciliarse con la familia, valorar a las personas y construir una vida nueva basada en el amor, la verdad y la confianza en Dios.

Oscar junto a la gruta de la Virgen en la finca

La vida en comunidad

La mesa compartida en la fincaOscar en la mesa con los residentes
Oscar vive, come y reza con los residentes.

Misión

La Fundación Rosario Inteligente tiene como misión acompañar a las personas que enfrentan problemas de adicción en un proceso de recuperación integral, fortaleciendo su voluntad, promoviendo el crecimiento espiritual y favoreciendo la transformación de sus vidas mediante la oración, el rezo diario del Santo Rosario, la reflexión, las charlas formativas y el desarrollo de valores humanos y cristianos. Buscamos ofrecer un ambiente de esperanza, disciplina, amor y respeto que impulse la libertad interior, la reconciliación consigo mismos, con sus familias y con Dios, contribuyendo así a su reintegración plena a la sociedad.

Los rosarios son más que cuentas entretejidas, son cadenas rotas, liberación susurrada en cada rezo. En cada grano se anida la promesa de una nueva aurora, donde la luz de la fe destierra las tinieblas que asedian el ser.

Visión

La Fundación Rosario Inteligente aspira a consolidarse como un referente en la recuperación integral de personas con dependencia a sustancias psicoactivas, mediante un modelo centrado en el entrenamiento de la voluntad, el fortalecimiento espiritual y la formación en valores humanos. Nuestra visión es formar hombres y mujeres capaces de vencer la dependencia, fortalecer su carácter, asumir con responsabilidad sus decisiones y convertirse en testimonio de esperanza para sus familias y para la sociedad, demostrando que, con fe, disciplina y perseverancia, siempre es posible recuperar la voluntad y comenzar una nueva vida.